Historia del árbol
La volandera, como también se le llama comúnmente a esta especie, es un formidable árbol del bosque seco tropical del Caribe, cuya figura evoca los baobabs que se describen en El Principito. Goza de increíbles adaptaciones a la sequía, ya que pierde totalmente sus hojas cuando se percata de la poca disponibilidad de agua en el suelo, con lo que logra sobrevivir a los recurrentes y extensos períodos secos de estas zonas del planeta. También se le conoce como macondo, nombre de gran sonoridad, fuente de inspiración para Gabriel García Márquez, quien bautizó así el lugar mítico donde transcurren muchas de sus historias y especialmente una de las cumbres de la literatura universal, Cien años de soledad. El macondo es un gigante extraordinario que ha desafiado las leyes de la física al ser uno de los árboles más altos del bosque, pese a que su madera es tan liviana como la del balso: alcanza a crecer hasta 60 metros de altura y 2 metros y medio de diámetro. Por su talla y difícil acceso a la copa es un excelente refugio para la avifauna selvática, especialmente para las guacamayas que lo usan para anidar. Su madera es bastante fácil de tallar, por lo que es utilizada regularmente para construir utensilios de cocina y canoas.
Su imponente tronco es brillante, sin ramificaciones, con pequeños contrafuertes en la base. Y tiene la característica distintiva de ser un poco más delgado en su parte inicial, para luego engrosarse de manera peculiar aproximadamente a metro y medio del nivel del suelo, y finalmente adelgazarse de manera gradual hacia la parte superior. Allá arriba se forman grupos de ramas cortas y gruesas, casi horizontales, de tamaño relativamente pequeño en comparación con la dimensión del tronco. Son ramas de forma redondeada que también ayudan a identificar el árbol con facilidad. Sus frutos son cápsulas rodeadas por cinco alas membranosas de color rosa/rojizo, achocolatadas, y que al madurar añaden un toque decorativo al árbol. Cuando los frutos se abren, caen al suelo y forman espesos colchones de frutos secos. Una vez que las semillas germinan, estos colchones se transforman rápidamente en extensas alfombras de plántulas de macondo.
Mensaje oracular
El encuentro con este increíble árbol nos transporta a esa dimensión donde lo real y cotidiano se torna maravilloso. Así como el baobab africano dota de asombro el mundo de El Principito, la imponencia del macondo nos sumerge en el ámbito del realismo mágico, para experimentar el mundo con ojos renovados y chispeantes. A pesar de tener un tronco liviano, el crecimiento de Cavanillesia es sorprendente. Su invitación es a percatarnos de nuestra propia grandeza: observarnos desde lo alto y ser conscientes del camino recorrido es un reconocimiento que merecemos. El proceso de crecimiento hacia la luz implica valiosos aprendizajes y desafíos superados. A la manera del gigante vegetal que asoma sobre el bosque, una perspectiva distante y serena nos permite revisar las situaciones con mayor sabiduría.