Historia del árbol
Escuchemos atentamente: el follaje de este frondoso árbol, comúnmente conocido como orejero, se compone de numerosas y diminutas hojitas, llamadas folíolos, de color verde brillante y que se pliegan durante la noche. Sus flores son blancas, agrupadas en cabezuelas en forma de pequeños pompones. Y sus frutos, contenidos en legumbres, son bastante peculiares: tienen forma de oreja humana, de color rojizo o negro al madurar, lo que permite distinguir claramente esta especie. Las semillas dentro del fruto están cubiertas por una pulpa esponjosa y fibrosa de olor y sabor dulce. Son ovoides, morenas y brillantes, con una línea pálida amarillenta que recorre su contorno, lo que las hace atractivas para fabricar artesanías y bisutería.
El piñón de oreja es un ejemplar bellísimo de gran tamaño y copa semisférica, más ancha que alta. Llamativo en el paisaje, alcanza entre 20 y 30 metros de alto. Su madera se usa en construcción y para la fabricación de botes e implementos de trabajo. El fruto es comestible para el ganado. Cumple una función ecológica de alimento para la fauna, como árbol sombrío y en procesos de restauración ecológica. Es melífero y saponífero, se usa como adhesivo para la producción de gomas, como combustible, para curtir pieles y como remedio para la bronquitis y el resfriado.
Mensaje oracular
El piñón de oreja nos invita a la escucha, como una acción clave para edificar el camino hacia la sabiduría, hacia lo sagrado, a la comprensión de sí. Buda es representado con inmensas orejas y a los líderes de la cultura inca se les llamaba “orejones”, pistas de la importancia de la escucha para estas culturas, de la entrada al conocimiento de lo oculto.
Este es un momento para reconocer la escucha como la atención plena que nos lleva a unir los dos hemisferios del cerebro y dilucidar desde dónde se dice lo que se dice. Escucharse, estar al acecho de qué patrón, creencia o condicionamiento nos lleva a decir una u otra palabra. Es el proceso reflexivo un viaje hacia el interior en donde es posible profundizar en los pensamientos, en las frases cotidianas que se escucharon desde niños y que se repiten una y otra vez ¿Qué hay en lo profundo de esos “dichos” y “decires”? ¿Quién los pronunciaba? ¿Qué producen en nosotros y en nuestro entorno al ser enunciados? ¿Cómo condicionan?
Reconozcamos la escucha en doble vía: escucharnos y escuchar a quienes nos hablan. Una poderosa herramienta de re-conocimiento.
Al encontrarnos con Enterolobium cyclocarpum se nos indica que es momento de escuchar atentamente lo que se dice, que no siempre es igual a lo que se quiere decir.