Historia del árbol
Con las primeras lluvias las semillas encapsuladas de la ceiba bruja estallan, produciendo un trueno que alcanza a escucharse con estremecimiento hasta grandes distancias a la redonda. Catapultada a setenta metros por segundo, cada semilla logra separarse del árbol madre al menos treinta metros. Es así como expande las posibilidades de que nuevas ceibas echen raíces y se eleven imponentes.
Las semillas se resguardan en un fruto similar a una calabaza y adoptan la forma de pequeños delfines de madera con los que se crean hermosas artesanías. Gracias al particular sonido que hacen al dispersarse, este árbol recibe también el nombre común de ceiba tronadora.
A este gigante de los bosques secos y húmedos, le gusta crecer en las vegas de los ríos, suelos aluviales ricos en nutrientes. Se alza recto hasta sesenta metros, con una madera pesada y compacta; y allí arriba extiende sus ramas de grandes hojas acorazonadas y con largos racimos de flores masculinas que contrastan con las solitarias femeninas, de color rojo y en forma de estrella.
Este árbol se reconoce fácilmente por sus raíces superficiales a modo de contrafuertes y por su tronco cubierto de grandes y amenazantes espinas cónicas, que no son nada comparadas con el látex interno, irritante, cáustico y blanquecino, capaz de generar hasta ceguera. De este látex se dice que puede servir como purgante y como cicatrizante de heridas, y que, además, los indígenas caribes y muzos lo usaban para pescar y envenenar las puntas de sus flechas.
Mensaje oracular
Un fuerte movimiento saca las semillas de la cápsula, el lugar cómodo y conocido, para catapultarlas con fuerza hacia afuera. El trueno las lleva a lugares nunca antes vistos, traedores de nuevas posibilidades para la expansión, para ampliar los horizontes.
Las condiciones parecen ser óptimas. La expansión viene dada por la propia convicción del recorrido interno, de estar en el momento oportuno para que ideas, procesos, relaciones o proyectos se expandan y germinen con vida propia. Prestemos atención a la resistencia natural a salir de la cápsula, a las justificaciones y a la espera. Lograr atravesar las limitaciones aparentes permitirá un crecimiento exponencial, pero es importante no pasar por alto que toda gran expansión contiene a su vez la semilla de la contracción. Reconocer el fluir entre ambos estados nos posibilitará mantener un equilibrio armónico entre los extremos. Así lo hace el árbol madre, que en un momento de contracción crea el fruto para después expandirse al dejarlo caer de sus ramas. Este, al secarse, inicia su propia contracción, que cambia al sentir las primeras gotas de lluvia, elevando al cielo las semillas que lo expanden multiplicado.
Al encontrarnos con Hura crepitans se nos invita a percibir nuestro momento de expansión, a salir de la cápsula y reconocer nuevos horizontes