Historia del árbol
Los olletos son árboles provenientes del bosque húmedo tropical de tierras bajas del Centro y Suramérica, con una altura aproximada de 25 a 45 metros, y un diámetro que varía entre un metro y poco más de metro y medio. Su nombre, olla de mono, se debe a la particularidad del fruto, en forma de cápsula o urna leñosa, con una tapa dirigida hacia el suelo. Al secarse sus semillas, el fruto en forma de “olla” queda libre y ha sido muy utilizado por indígenas de la Amazonía como trampa para cazar monos. Algunas comunidades fijaban estas olletas al suelo o sustrato y las llenaban de productos como el azúcar, consiguiendo así que los primates metieran la mano y la empuñaran para sacar estos manjares, quedando atrapados al no poder sacarla de nuevo. Por eso, esta planta fue denominada olla de mono u olleto.
La corteza del árbol es de color pardo grisácea, con estrías o fisuraciones pronunciadas verticalmente. Su copa es ramificada y redondeada, con ramas laterales y hojas alargadas de margen sinuoso y color verde oscuro, llamativo y algo opaco. Sus flores tienen forma de racimo, con pétalos blancos y pistilos amarillos.
Tanto sus frutos como sus semillas son diversamente utilizados: los primeros se aprovechan para artesanías y como contenedor de sustancias o recipiente de siembra para otras especies. Las semillas son consumidas en bajo grado, pues aunque algunos estudios señalan que contienen entre 16 y 22% de proteínas, de 51 a 54% de aceite comestible y 8% de fibra, también se ha detectado que su consumo excesivo puede tener efectos dañinos en la salud humana. Por otro lado, la particularidad de la madera dura y pesada de la especie, hace que sea ampliamente utilizada para la fabricación de muebles, herramientas agrícolas y embarcaciones, entre otros objetos.
Mensaje oracular
La olla de mono nos hace un llamado a prestar atención al entorno, a reconocer en situaciones y personas lo que se podría considerar como deslealtad, y entender cómo esos frutos llamativos que deslumbran, pueden convertirse tanto en una herramienta para atrapar como en una fuente de energía insospechada. Profundicemos en nuestra habilidad para reconocer al “traidor” como el “traedor”. Como los humanos que disponen la semilla de la olla de mono para atrapar al primate, el traidor pone su energía en nosotros, un regalo que podemos usar a nuestro favor.
Seamos precavidos, identifiquemos previamente el lugar donde meteremos la mano y evitemos así quedar atrapados; reconozcamos la energía extra que nos envía el universo en forma de trampa, una información tan potente que puede propulsarnos.
Al encontrarnos con Lecythis minor se nos invita a poner la lupa para reconocer las maneras en que nos podemos traicionar, pues si se entiende el universo como espejo, lo que es afuera es adentro. Quien no se traiciona, está caminando hacia sí mismo, hacia su propio deseo.