Historia del árbol
En medio de los bosques nublados, de alta humedad, resalta una figura verde iridiscente, similar a una palma. Es un helecho arbóreo que, con su sola presencia, nos remite a una época más antigua que la de los dinosaurios: al período carbonífero de hace más de 300 millones de años, cuando existían libélulas de hasta setenta centímetros de largo. Su presencia nos envuelve en una sensación de permanencia en el tiempo, a pesar de los múltiples cambios que ha sufrido el paisaje en incontables años.
Podríamos decir que los helechos son los tatarabuelos de los bosques, pues existen en nuestro planeta incluso antes que las plantas con flores, lo que explica por qué se reproducen por medio de esporas primitivas. Crecen lentamente, entre 25 y 50 milímetros por año, aunque en un entorno adecuado pueden crecer más rápido, lo que dificulta identificar la edad de un individuo. Por eso, aquel helecho alto que has visto alguna vez, podría haber estado incluso durante un siglo en ese lugar.
Los helechos arborescentes no son realmente árboles. Para serlo, una planta debe tener tronco o tallo leñoso, y crecer hasta una altura de al menos tres metros. Y si bien estos helechos pueden tener tallos únicos y gruesos como un tronco, y elevarse más de 15 metros, nunca son leñosos. Sus tallos son fibrosos para retener la humedad y se componen de todas las bases de las hojas retenidas en las frondas de años anteriores.
En general, los helechos arbóreos conforman un grupo de más de 550 especies, distribuidas preferencialmente en la franja intertropical del planeta. Diversas especies de helechos se comportan como colonizadoras de áreas perturbadas y actúan como pioneras en el inicio de la sucesión vegetal. Mirar de cerca los detalles de sus hojas y pasar nuestros dedos por la superficie de los tallos puede ayudarnos a diferenciar una especie de otra, pues a simple vista parecen iguales.
Mensaje oracular
Esta especie del oráculo nos pone ante la presencia del sarro: un helecho arbóreo que nos remite a un tiempo tan antiguo que antecede a toda la sabiduría reunida en todas las culturas y civilizaciones. Muchas tradiciones han hablado del tiempo lineal y del tiempo en espiral, generalmente como nociones opuestas o incompatibles. El llamado aquí es a desprendernos del paradigma temporal en el que habitamos y buscar estar por fuera del tiempo, aquellos momentos o periodos en los que logramos ser uno con el instante y disolver la existencia del pasado y el futuro. Desde ese lugar, con la mirada renovada, podemos percibir luego todas aquellas acciones, hábitos y modos de pensar que siguen siendo lastres que creíamos haber dejado atrás: pequeñas trampas no resueltas en las que volvemos a caer una y otra vez.
Al encontrate con un helecho arbóreo se te invita a ver este momento de tu vida teniendo como perspectiva tu propia vida, el tiempo humano en la Tierra y el tiempo de los árboles. Percibir el tiempo mientras estamos sumergidos en la ilusión de su devenir no es una tarea fácil. Algunas tradiciones hablan del eterno presente, uno al que es posible acercarnos con la energía vital de los helechos arbóreos que habitan este planeta desde tiempo inmemorial.