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Chrysophyllum cainito

Tarot-cards

EL DESEO

Caimo, caimo morado, maduraverde

Historia del árbol

Árbol tropical originario de las Antillas y de las áreas bajas de América Central y el Caribe, el caimo, tras la llegada de los europeos, se introdujo primero a diversas zonas del trópico americano y luego al resto del mundo. El origen de su nombre común se atribuye a las voces mayas cab (jugo), im (teta) y vitis (resina de árbol). Y su nombre científico proviene del griego khrisos (dorado) y phyllum (hoja), por el envés dorado de sus hojas. Se adapta muy bien tanto a zonas húmedas como secas; de crecimiento lento y longevidad prolongada, puede alcanzar treinta y cinco metros de altura y ochenta y cinco centímetros de diámetro en el tronco. En su corteza -fuertemente fisurada, en forma de placas de color café grisáceo- se puede apreciar gran cantidad de látex blanquecino muy pegajoso. Las hojas son uno de sus rasgos más particulares, ya que el haz es de color verde oscuro brillante, mientras que el envés es peludito, dorado-ferrugíneo, color oro/bronce. Los frutos son exquisitas bayas jugosas, de tamaño mediano, de color morado o verde en la madurez, con mucho contenido de latex. Su pulpa es blanca, jugosa y dulce, con un patrón en forma de estrella que realiza en conjunto con semillas de color marrón claro. Estos frutos son consumidos tanto por la fauna silvestre como por humanos y son considerados deliciosos como postre de fruta fresca, cuyo sabor realza al ser enfriados. Al caimo también se le considera una fruta afrodisíaca que, al consumirse frecuentemente, despierta el apetito sexual.

Mensaje oracular

Caimo invita a buscar y a recibir el deseo, fuente de inspiración. Como sus deliciosas frutas, el deseo emerge desde diferentes perspectivas, incluyendo aquello que anhelamos realizar y que por diferentes circunstancias hemos pospuesto o no hemos logrado aún. Procura encontrar o acrecentar el deseo, la motivación interna, la chispa de fuerza que emerge desde adentro para continuar construyendo la vida que deseamos y avanzar en los proyectos trazados. Es, además, momento de activar el deseo sexual, de reconocer y activar el gusto hacia otros seres humanos, hacia la vida y sus placeres más sencillos -como el de comer un chocolate o un helado- y, especialmente, momento de visionar dónde deseamos estar, qué tipo de vida deseamos vivir. Todo empieza con un deseo, con una idea caótica a la que damos forma y convertimos en una realidad conmensurable. ¿De dónde viene tu deseo? ¿Es propio o, por el contrario, es el deseo de alguien más? El primer paso para crear la realidad que se quiere es reconocer de dónde proviene tu deseo, ¿acaso tu madre o tu padre lo deseaban y no lo lograron?. La sociedad, la familia o los amigos nos dictan muchas veces qué desear, por eso reconocer el deseo propio es vital para crear lo que se quiere. Solo en el camino de lo que realmente se desea se encuentra mayor gozo, bienestar, satisfacción y crecimiento. Es en este recorrido cuando es posible encontrarnos.