Historia del árbol
En los pisos inferiores de las selvas húmedas de América, desde el Amazonas hasta el sur de México, podía encontrarse el Theobroma de manera natural. Ahora su cultivo se ha expandido por los trópicos de todo el mundo. Es un pequeño árbol que extiende una copa de grandes hojas colgantes y se caracteriza por tener diminutas flores en forma de estrella, insertas a lo largo de su tronco y ramificaciones. Su polinización depende de pequeñas mosquitas que van de árbol en árbol desde muy temprano en las mañanas. El fruto es sin duda lo más deslumbrante de este árbol: una baya grande con forma ovalada de color amarillo o púrpura, que crece pegada al tronco. En su interior, recubiertas y unidas entre sí por una pulpa blanca y dulce, guarda numerosas semillas amargas, característica que lo llevó a recibir -en maya yucateco- el nombre de Kaj Kab o jugo amargo. A través de un proceso que data de más de tres mil años, los granos se fermentan, se secan, se tuestan y se criban o tamizan para ser transformados en chocolate: el “Alimento de los dioses”, como indica su propio nombre científico, Theobroma, proveniente del griego.
Los antiguos pobladores mexicas lo consideraban un árbol divino, un regalo de los dioses que sólo podía ser consumido por personas de élite. Para culturas mesoamericanas era símbolo de abundancia y se empleaba en rituales religiosos dedicados a las divinidades. Con el paso del tiempo el haba del cacao fue utilizada como unidad monetaria y de medida por su gran valor. El consumo del cacao afecta directamente al cerebro, brindando sustancias tan importantes como las endorfinas y serotoninas, relacionadas con la felicidad, el bienestar y el buen humor, razón por la cual no solo es apetecido por humanos, sino por muchos de los animales del bosque.
Mensaje oracular
Los tragos amargos se convierten en bienestar y felicidad. Se hace necesario reconocer la propia capacidad de generar alegría: de decidirla. En el cacao, una pulpa dulce abraza la amargura de la semilla, y con un proceso lento y milenario, esta semilla se convierte en chocolate generador de endorfinas que garantizan el bienestar. Una bella alegoría que invita a abrazar con dulzura las propias amarguras, entendiendo que los procesos lentos pero constantes llevan al bienestar y a la alegría. Encontrar el disfrute, distinguir los frutos aun en las situaciones más amargas, nos acerca a nuestra propia divinidad. Al encontrarnos con Theobroma cacao se nos invita a hacer de nuestras amarguras un proceso para habitar el disfrute y la alegría, de reconocer que cada situación puede ser vista de múltiples formas, para estar a la altura de beber el alimento de los dioses.