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Espeletia

Tarot-cards

ADAPTACIÓN

Frailejón

Historia del árbol

En las partes altas de los Andes cordilleranos, lugares casi inhóspitos y agrestes, de topografía fuerte y quebrada, en medio del frío y la niebla, es posible avizorar los frailejones. Envueltos en esta atmósfera mística y mágica, estas especies vegetales asemejan frailes capuchinos que habitaran las alturas cual ermitaños, o como congregaciones de monjes cuando se les aprecia en conjunto. En esos techos acuáticos que son los páramos -lugares sagrados de las alturas, tesoros únicos de los ecosistemas elevados de Colombia, Ecuador y Venezuela- los frailejones se han adaptado y evolucionado para vivir en donde casi ninguna otra especie puede hacerlo. Carramboa, Espeletia, Coespeletia, Espeletiopsis, Ruilopezia, Libanothamnus, Paramiflos y Tamania, son algunos de sus géneros más comunes. Los frailejones se caracterizan por ser plantas cuyas hojas se agrupan en forma de roseta al final del tronco. Las hojas son largas y generalmente cubiertas por vellosidades que les dan el aspecto de orejas de burro. Al envejecer, permanecen pegadas a los tallos, formando así una cubierta que los protege del frío y permite el reciclaje de nutrientes. Sus flores amarillas, agrupadas en cabezuelas con formas de girasol y margaritas, son polinizadas por gran variedad de insectos y algunas aves.

Los frailejones son grandes maestros de la adaptación. Su crecimiento es lento, a razón de 1 a 2,5 centímetros por año, y pueden llegar a vivir incluso más de un siglo. Se les considera claves en el proceso de captación de agua en época de lluvias, pues son capaces de almacenar hasta 25 veces su propio peso en agua, para liberarla de manera paulatina en tiempos de sequía, sirviendo así como filtro natural.

Mensaje oracular

No existen caminos sin obstáculos. Pero algunas veces son tantos que podemos pensar en desistir. El frío o acaso las largas soledades nos pueden invitar a detenernos. Por eso el frailejón está aquí para hablarnos de adaptación: ajustar desde adentro lo que sea necesario para continuar el rumbo hacia eso que queremos. Al adoptar esa fluidez, la fortuna que habita nuestro ser brilla, se amplifica y se expresa con propósito. Quizás la experiencia de nuestras hojas secas se pueda convertir en un gran abrigo para los días difíciles. O, ¿cuál es el agua que debemos almacenar para los tiempos secos? Cuando llegan vientos inesperados a sacudirnos en contextos donde pocos podrían seguir adelante, sólo la flexibilidad que otorgan la capacidad de adaptación y evolución puede garantizar nuestra propia realización. Ante momentos de soledad, aprovechar el poder de la introspección. Ante momentos de frío, observar la paciencia y la serenidad como maestros. Adaptarnos es aceptar el orden del universo, fluir con los lugares, situaciones y personas que nos rodean. Ante situaciones cuyo control no depende de nosotros, el frailejón nos invita a adaptarnos sin perder de vista el objetivo. Cada obstáculo nos habla de nosotros mismos. Los frailejones nos recuerdan ese maravilloso proceso de auto-observación y meditación, de evolución interior para ser únicos y excepcionales, para crecer lento pero firme, con claridad