Historia del árbol
Desde México hasta Brasil encontramos al cedro rojo, un hermoso ejemplar que crece recto hasta los 40 metros, para desplegar allá arriba su ancha copa aparasolada. Sus hojas, que penden del pecíolo o sostén central, evocan la forma de lágrimas, y el color azulado que pueden reflejar a la distancia sobresale en medio de los verdes cálidos del dosel del bosque tropical. En épocas de sequía, sus hojas se desprenden, dejando al descubierto sus amplias ramas. Sus grandes raíces se clavan profundamente en el suelo para garantizar su longevidad. Su corteza fisurada y fibrosa se caracteriza además por un sabor amargo y un olor penetrante, que le sirve como repelente de insectos y otras plagas: “cedro amargo” es otro de sus nombres comunes. Sus pequeñas flores, suavemente perfumadas, apenas si resaltan con su color crema verdoso. A diferencia de otros árboles, al cedro no le gusta crecer solo y permite la diversidad a su alrededor. En diferentes lugares de mesoamérica se utiliza el cedro para realizar las limpias o rituales de protección que atraen buenas energías. Además, a su corteza amarga y a sus ramas se les atribuyen propiedades curativas contra afecciones respiratorias como la bronquitis y el asma, y también para curar heridas e incluso contrarrestar “el susto”. Sus frutos son un espectáculo en sí mismos. “Flores de madera”, los llaman algunos. Tienen la forma de cápsulas alargadas de entre 2 y 5 centímetros de longitud, y cuelgan en grupos en el extremo de las ramas. Se abren en cinco valvas, dejando en el centro un eje con cinco ángulos. En la madurez tienen aspecto leñoso, de color marrón chocolate en la superficie exterior, con abundantes lenticelas amarillas. Y permanecen durante mucho tiempo en el árbol. El cedro era honrado con devoción por pueblos del Oriente y aparece como un emblema de grandeza, nobleza y pureza en muchas civilizaciones. Su madera se destinaba a la fabricación de las puertas en los templos sagrados y se quemaba en ceremonias de limpieza. Se creía que el árbol albergaba dioses importantes y que era una entrada hacia dimensiones más elevadas.
Mensaje oracular
El cedro, con sus propiedades y simbolismo, puede favorecer tu propia transformación en momentos que parecieran negativos o desafiantes. Es un llamado a encontrar aquello que te hace crecer, aprender y fortalecerte. Un momento de aparente crisis es una oportunidad para adquirir una gran sabiduría al enfrentar y superar tus temores más profundos. Busca reconectar con tu propio poder interno, atrayendo la protección y la curación que la magia energética de este oráculo puede ofrecerte. Permítete imbuirte de la sabiduría ancestral que emana de este árbol sagrado y confía en tu capacidad para superar cualquier obstáculo que se presente en tu camino. Al encontrarnos con Cedrela odorata se nos invita a reconocer las formas propias de protegernos, al cumplir la palabra y al soltar las cargas que no nos corresponden, como el cedro suelta sus hojas.