Historia del árbol
Reina de las costas, eleva impetuosa y elegante hasta los 30 metros de altura, su silueta recortada contra un intenso cielo azul. Con hojas de hasta cinco metros de longitud y un tallo delgado y a veces ligeramente curvo, su figura nos transporta a playas de arenas blancas, su lugar preferido para crecer, pues requiere de altas temperaturas y una exposición constante a la luz solar. Soporta suelos con salinidad elevada, lo cual le permite crecer donde otras especies no pueden y de paso evita la competencia por nutrientes. Y, como si esto fuera poco, no requiere de mucha lluvia y no le afectan los vientos fuertes gracias a la especial constitución de sus partes. Existen múltiples variedades de esta especie, que se diferencian por su tallo o por el color del fruto, que algunas veces es verde y otras amarillo. Su semilla, el coco, tiene el honor de ser la más grande del mundo vegetal. Y gracias a su resistencia y capacidad de adaptación logra ser diseminada a grandes distancias por las corrientes marinas, por lo cual crece en las costas tropicales de todo el mundo, sin ser aún claro su origen. La pulpa de su fruto deleita los paladares por su carnosidad, por su gran dulzura y frescura, y es usada en diversas preparaciones gastronómicas, otorgando un toque único a los alimentos. De su pulpa también se obtiene un aceite que se utiliza para fabricar jabones, margarinas y cremas para el cuerpo. Su savia, al ser fermentada, se transforma en una bebida alcohólica llamada vino de coco. En las playas es habitual abrir las nueces de coco verdes con machete para extraer el agua del fruto y consumirla como bebida refrescante. Esta puede permanecer hasta ocho meses en el fruto cerrado y conservar todas sus cualidades. También es usada como diurético, emoliente y hasta laxante. Aporta vitamina E, de importante acción antioxidante sobre la piel. Se cuenta que el nombre “coco” se lo dieron los navegadores portugueses que llevaron el fruto por primera vez a Europa, al reconocer en él dos ojos y una boca abierta, lo cual asociaron con el monstruo ‘Côco’, ‘Coca’ o ‘Cuca’, en el folclor portugués.
Mensaje oracular
La luz y el calor acompañan los días para permítirnos crecer sin importar las condiciones del suelo. Los excesos de luz, los vientos huracanados o la salinidad de algunos periodos no asustan, y por el contrario impulsan. El llamado es a apropiarnos de la potencia del cocotero, evitando competir con otros. ¡La verdadera competencia es solo contigo! Al encontrarnos con Cocos nucifera se nos invita a reconocer en sí mismo una semilla poderosa, con múltiples propiedades y delicioso sabor, que nos lleva hasta lugares luminosos. Considera no poner en espera tus metas, así como el coco no depende de grandes cantidades de lluvia para crecer, seguro encontrarás los recursos necesarios para lograrlas. Sortea los vientos que llegan a modo de críticas, pues estas también son señales de crecimiento.