Historia del árbol
Es un gran árbol latinoamericano que crece desde el norte de Argentina hasta el sur de México. Su tronco tiene la corteza grisácea. Sus hojas son grandes, simples, opuestas, ovaladas y con ápice. Sus flores son amarillas y aromáticas. Los frutos son redondos, verdes o grisáceos, con una estructura en forma de corona en la punta, tornándose amarillentos al madurar. La pulpa que rodea las semillas del fruto maduro es comestible y tiene un sabor dulce y algo rancio. Puede alcanzar alturas de entre cinco y veinte metros, y su madera suele ser empleada para fabricar cercas. Es un árbol místico y sagrado, según cuentan muchas leyendas, especialmente de pueblos originarios que hablan de sus dones. En la comunidad indígena chocoana de los Olotules, cuando dan a luz a un bebé le siembran un árbol de Jagua para que le conceda el deseo que el recién nacido trae a este plano y para que en su adultez tenga una madera muy fina. Se dice que en el Pacífico colombiano hace cientos de años llegó a esas prometedoras tierras una diosa conocida como Jagua. Esta mujer surgió de la abundancia de los frutos de un árbol y le enseñó a ese pueblo las artes de la pesca, de la caza, de los cultivos del campo y los tejidos, y les concedió secretos para perfeccionar la cerámica, curar enfermedades y obtener tinturas para embellecer el cuerpo. A aquel fruto sagrado se le denominó con su mismo nombre, ‘Jagua’, palabra que significa riqueza, mina, manantial, fuente y principio. Con el nombre de Jagua también se designó al árbol de cuyo fruto había salido la mujer y que desde entonces se consideró sagrado. De los frutos de Jagua se extrae una tintura temporal con la que se pueden dibujar sobre la piel los deseos profundos que se piden al abrazar su tallo y conectarse con su corazón.
Mensaje oracular
La jagua nos invita a conectarnos con lo sagrado, reconociendo el sentido y significado que damos a la vida y a cada acción que tomamos en ella. La presencia de este árbol nos ofrece la posibilidad de conectarnos con nuevas dimensiones, como aquella mujer que surgió del árbol para proporcionar habilidades y secretos ocultos para la comunidad. Reconocer lo sagrado en la propia vida posibilita la conexión con lo divino, y para lograrlo se hace necesario el viaje interior que permita vernos desde múltiples dimensiones, en toda nuestra complejidad. La jagua nos invita a apreciar los árboles desde el lugar sacro que les corresponde, a conectarnos con ellos, a reconocerles como fuente de alimento, de medicina, de oxígeno, de tinturas -¡de visualización e imaginación!-, y de tantos recursos vitales para las demás especies. Esa conexión profunda y sagrada nos abrirá las puertas de la percepción hacia los secretos y mensajes que tienen para darnos. Al encontrarnos con Genipa americana se nos invita a iniciar el viaje interior, a reconocer que el afuera es una proyección de lo que nos pasa adentro.