Historia del árbol
Pocos ejemplos de potencia y suavidad como este árbol. El balso o algodón, nativo de América tropical, crece rápidamente, alcanzando un gran porte con un fuste recto y cilíndrico libre de ramas hasta los quince metros de altura, donde se despliega una copa abierta y amplia con grandes ramificaciones, asemejando una gran sombrilla de hasta dieciocho metros de ancho.
Es bastante apreciado porque su madera de naturaleza blanda permite un sinfín de usos. Gracias a su flotabilidad se utiliza principalmente en dispositivos de navegación, construcción de botes, elementos para pesca, salvavidas y boyas; tiene gran capacidad como aislante térmico, vibratorio y acústico; y por la facilidad para cortarlo, se utiliza para el diseño de maquetas de arquitectura, en la industria náutica y de aeromodelismo. Sus hojas llamativas tienen forma de corazón: por un lado resalta su color verde oscuro y su superficie lisa, y en el revés se encuentra cubierta de pequeñas vellosidades de color gris amarillento. Sus flores son grandes, solitarias, vistosas y fragantes, con pétalos de color blanquecino a amarillo pálido con bordes marrón.
Dada su capacidad reproductiva al balso le gusta colonizar y establecerse, casi siempre en grupos aislados en áreas abandonadas o arrasadas por el fuego, el viento, los deslizamientos y las talas. Hasta allí suele llegar el kapok, una lana sedosa parecida al algodón que protege en su interior cientos de semillas, proveniente de su fruto capsular y cilíndrico. Su acumulación crea sobre el suelo una alfombra de color pardo claro que dará origen a un gran grupo de jóvenes balsos. Esta lana, además, es usada frecuentemente en la fabricación de colchones, almohadas, cojines y otros objetos suaves al tacto.
Mensaje oracular
Después de reconocer el lugar al que se quiere navegar y dirigirse hacia él a punta de remo, es propicio elevar las velas y permitir que las corrientes de aire lleven la balsa a su destino con un viajar suave y tranquilo. Ya no hay resistencias ni viento en contra, ya no hay cargas pesadas que llevar, la magia hace lo suyo para llegar a buen puerto.
El balso invita a migrar, a dirigirnos, a viajar con un equipaje ligero como su madera. Entre el maravilloso y liviano kapok que vuela en remolinos con el viento, pese a las vicisitudes de la vida, se tiene la facultad de flotar, de sortear, sonreír y disfrutar la vida como venga.
Navegar implica dejar la tierra firme para adentrarse en un mundo de corrientes y vaivenes. Calibrar la brújula asegura mantenerse en la ruta hacia donde se quiere llegar, poner atención a las señales será clave para evitar vientos huracanados y oleajes enormes. Llegar a buen puerto es haberse recorrido a sí mismo.
Al encontrarnos con Ochroma pyramidale se nos invita a identificar el punto hacia el que queremos arribar, aquel deseo propio que queremos alcanzar. Se inicia a remo, y luego se elevan las velas para aprovechar la magia del viento a favor.