Historia del árbol
Su fruto en forma de pera -a veces con la piel lisa y delgada, otras gruesa y rugosa, de color verde brillante, amarillenta o purpúrea- ha conquistado el mundo entero por su delicioso sabor y su alto valor alimenticio. La semejanza entre el fruto y las gónadas masculinas da origen a su nombre, pues en la lengua náhuatl “ahuacatl” significa “testículo”. Persea americana es una especie nativa que se ha ido mezclando naturalmente por medio de un sistema de reproducción impulsado por la capacidad que tienen sus flores de pasar de una etapa sexual a otra: tienen flores en etapa femenina que pasan a etapa masculina en la tarde; o en etapa femenina en la tarde, que pasan a etapa masculina a la mañana siguiente. Este maravilloso mecanismo ha propiciado muchas variedades del árbol en diferentes climas y suelos, con múltiples alturas y tipos de hojas, algunos con aroma anisado, y con frutos de diferentes tamaños y pesos. Jeroglíficos del imperio azteca señalan la existencia de un poblado nombrado Ahucatlán, «lugar donde abunda el aguacate», en algún lugar entre los actuales México y Guatemala, de donde es originario. Se sabe además que en épocas precolombinas su cultivo se extendió por Suramérica, en donde se han encontrado restos fósiles de ocho mil años de antigüedad.
Con la llegada de los españoles su cultivo se extendió a otros continentes. Ha logrado una figuración protagónica en la agroindustria, y se ha convertido en un cultivo de múltiples injertos, presentes actualmente en el mercado. Además de su sabor, se le da valor por sus características alimenticias, pues contiene grasas, proteínas, vitaminas y minerales; y además por sus usos en la industria cosmética. La gran demanda del aguacate ha hecho que sus plantaciones transformen grandes extensiones de ecosistemas nativos.
Mensaje oracular
El aguacate nos invita a expresar el masculino interior, a manifestar la fuerza, la valentía, la decisión, la razón, la virilidad. Pero también a ofrecer, a ordenar, a ocupar, a proveer, a cuidar, a abrigar. Es momento de dar en abundancia. El carácter de este árbol señala que es momento de propulsar lo masculino en cada ser, en equilibrio con lo femenino, como una maravillosa posibilidad de creación y multiplicidad; así como el aguacate que, con su habilidad para combinarse a partir de formas básicas, genera diversidad de expresiones. Este árbol convoca a la conquista de nuevos territorios, a la posibilidad de establecerse en sitios distintos para el crecimiento personal y profesional. Se gestan nuevos proyectos con grandes oportunidades, momentos de auge y bonanza, si sabemos reconocer la potencia de habitar lo masculino, sin perder de vista los límites necesarios para propulsarnos al tiempo que nos protegemos. La sincronía perfecta del aguacate entre lo masculino y lo femenino recuerda que, en las proporciones adecuadas, en equilibrio y armonía, el crecimiento es inevitable.